El uno es la soledad infinita,
luciérnaga gris
en noche de fantasmagóricas
voces.
Discurso prohibitivo,
amarrado a mi lengua,
en verso.
(Estoy sola,
en esta casa
de puertas abiertas
y portales quebradizos).
El dos, la aparente compañía,
barcaza náufraga
que no se contenta
ni con la inmediatez del cerco
ni con lo profundo del agua,
desarraigo,
las más de las veces
invisible,
terco,
ajeno al grito.
Siempre en rebeldía.
Noé
y sus puntos suspensivos,
lejos de la orilla,
imposible
el regreso.
(Hace tanto que no me hablas
que ahora ocupo este espacio
para conversar
con lo estrambótico del dolor.
Tus amigos vienen a saludarte
y ni siquiera les dices que existo).
El tres es el alma a solas,
balbuceante,
perspectiva empecinada
en ponerme
al abrigo del frío,
en agosto veintidós,
brazas sobre la ola encallada
del hombre y la mujer,
de piedra caliza.
Seguridad cuántica,
aun cuando el mundo
se derrumba
bajo mis pies.
Montaña rusa
en libertad.
No es cierto.
Eco apenas,
la raíz yace
en algún lugar,
escondida.
(Por más que parezca imposible
me iré esta noche.
Siempre hay mejores lugares.
No creo que lo entiendas).
El cuatro me abriga
mudo
contemplación en verso.
Aguardan las puertas
al verano
y mis pasos
por una única vez
se asoman
a la herida:
colibrí
que lloras
monte
piedra.
Desciendo
al universo
del
nunca.
(El acto de amar
no es decir te amo
es amar, en mayúsculas).
Y el cero, simplemente, se burla
de mis matemáticas absurdas,
promete
la tierra
y entrega
la
nada.
(Ni mejor verso
ni mejor pregunta.
Solo
la soledad).
Del libro: Me hago al silencio

Lázara Ávila Fernández
Lázara Ávila es escritora, editora y profesora, con más de 20 libros publicados. Premio en el International Latino Book Awards (2023). Máster en Filología; fundadora de la revista Publica y Escribe, un espacio para la difusión y el aprendizaje literario y de Servicios Editoriales Pinar Publisher LLC.